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jueves, mayo 16

Las aventuras de juventud...de los 21 años...


Esta es una historia real, y que pretende dar a quien la lea, que el amor romántico, aunque no culmine en una historia larga y feliz, deja eternos resultados y no tiene que ser eficaz sino sensible.

En 1972, en la España de Franco, estaba prohibida la felicidad. Pero la gente no lo sabía. Ignorancia que ricos y pobres compartían con la santa madre iglesia. Eso solo lo sabían unos pocos en el país y los creadores del club Bilderberg, de Bélgica y USA.

Por supuesto el autor de este escrito, que por aquellas casualidades de la vida, había llegado a España, un señalado día de 1971 y pudo ver en la plaza de Oriente de Madrid lo que los periódicos de entonces llamaban la exaltación de la  “democracia orgánica”  -la democracia práctica subtitulaban los periódicos afectos al régimen que eran todos-  y el triunfo de un “régimen de paz” que ya se encargaban en la Europa  de las libertades y la socialdemocracia, de hacer una contra-propaganda los muchachos de Manuel Fraga Iribarne, Ministro de Turismo de Franco.

Decía entonces esa propaganda en Europa, que este país vivía en paz porque no había huelgas y los aeropuertos y los hoteles no sufrían ese molesto aguijón de los trabajadores que tanto molestaba en Francia, Alemania, Italia y otra clientela del sol y playa…el paraíso de los empresarios.

En las vacaciones de 1972, fui varias veces a un bailadero de música suramericana que estaba cerca de la Plaza Mayor de Madrid. El sitio se llamaba “Puerta Oscura” y allí acudían españoles casi en su totalidad. Al llegar yo, el encargado del local, un simpático madrileño me ofreció enseguida discos de vallenatos, cumbias y bambucos que tenía. Al ir la segunda vez, ya me saludaban cubanos, venezolanos, argentinos…pero enseguida noté que no había colombianos…el encargado  me dijo que había pocos colombianos en Madrid porque los estudiantes  -que eran la mayoría de la clientela de ese local-  casi no había.

Conocí entonces a una enorme cubana, que era la antítesis de los cubanos. Rubia, alta, ojos claros…pero nunca fue pareja mía aunque era mi tipo…su simpatía y ruidosa manera de ir por la vida, me hizo  ver primero la amiga que la hembra…bailábamos pegado  -como Dios manda-  y en eso se parecía a mis amigas Barranquilleras,  en la forma de llevar el ritmo y la pasión en  la danza…enseguida llevé a uno de mis amigos, de la pensión de estudiantes de Madrid, gallego, enamorado de Suramérica, alto y de ojos claros, como buen gallego, tierra de celtas.

La cubana se llama Fe. El gallego Luís. Pues se hizo una pareja irrompible. En esa época, donde tener un sitio para ir a hacer el  amor era imposible. Algún adicto al régimen me decía que en España no había prostitutas, porque la prostitución estaba prohibida. Y se quedaba tan fresco…esas sobremesas de la pensión de estudiantes fueron  muy  aleccionadoras para mi. Había furibundos defensores de Franco y sectarios defensores de las libertades…

Yo me emparejé con una madrileña, de nombre Paloma, que guardaba celosamente su virginidad para tiempos más prometedores, pero que me hizo ver fuegos artificiales y estrellas, en los bajos de un edificio  -como se hacía entonces- al no haber mejores sitios…

Pero mi amistad con Fe y Luís duró mucho tiempo…como no había nada mas que correo, ese era el medio para mantener las amistades…no me acuerdo cuando dejé de tener noticias suyas…Fe se había venido para España, pues al divorciarse de su esposo en Cuba, se veía obligada a vivir en la misma casa y eso era la guerra  diaria, pues el hombre llegaba con otras mujeres, borracho y pendenciero a altas horas de la madrugada…ella no pudo aguantar más y aceptó la ayuda de otra cubana que ya vivía en Madrid. Allí debe estar todavía, pero solo se su nombre y que trabajaba en una joyería.

Como no tengo cerebro sino una filmadora, tengo claro esas noches de un hermoso Madrid nocturno. Noches en las que iba a comprar una novela de ciencia ficción, tomar una cerveza en el llamado “Drogstore de Bilbao” y una larga caminata hasta mi pensión de la calle “Conde de Xiquena nº 3”…y allí supe por qué los españoles vivían fascinados con las extranjeras…la España Nacional católica había creado una juventud sin formación sexual y con la idea judeo-cristiana,  de que eso era un asunto del demonio, que el estar alejado de todo eso era la virtud, la abstinencia era la suprema forma de ofrecer los sacrificios a Cristo…

Pues venía caminando por la Gran Vía, la entonces llamada Avenida José Antonio, el creador de la Falange Española de Las Juventudes obreras Nacional Sindicalistas, el movimiento que hacía ver de izquierda al fascismo de Franco. Costumbre inveterada de la extrema derecha europea, tal como Mussolini lo había diseñado, como nuestro Álvaro Gómez Hurtado bebió en los bares de Madrid y en los exclusivos lugares que el padre Laureano Gómez  se encargó de presentarle a su querido hijo. De la fría Bogotá, Alvaro vistió los abrigos negros de la Falange y asistió a los rituales iniciativos de esa casi secta religiosa que era la Falange de las JONS….

Entonces vi a una delgada rubia que se detenía a mirar los escaparates de ropa, en las elegantes tiendas de esa calle…iba descalza como casi todas las chicas en ese caluroso agosto… yo con nadadito de perro me acercaba a esa visión del cielo que como un ángel se alzaba majestuosa ante mi…me miró con unos ojos azules, como los platillos voladores y las naves espaciales de mis novelas de ciencia ficción…una sonrisa de blancos dientes que me hicieron pestañear con nervios…

Yo no hablaba inglés y ella no hablaba español. Cosa que no hizo falta…tendría unos 18 ó 20 años…solo le entendí “England” y ella debió entender “Colombia”….como todo feo, solo tenía mi lenguaje corporal para desplegar mis habilidades de pavo real…la invité a beber una cerveza pero me hizo saber que ya se iba a dormir…estaba en una pensión cerca de la calle del Rastro de los domingos…entre carcajadas y miraditas de sorpresa, la acompañé a su pensión, le besé la mano y eso hizo que tirase de ella…me dio un beso que hizo temblar mis piernas…estuvimos así como media hora o más…no hice el más mínimo gesto de lascivia, como seguramente era la costumbre de los chicos “decentes” de entonces…así que me hizo ir  hasta adentro, después de saludar al “sereno”,  el encargado de abrir las puertas de los edificios….abrió y nos quedamos…me hizo entrar pero cuando ya no pude más bajé su pequeño “short” de tela vaquera  –blue jeans-  y esos ojos me han estado mirando los últimos 42 años desde esa mágica noche de 1972…

Muchos años después, escuché la canción de Joaquin Sabina “Y me dieron las diez y las once…”…no es la misma historia y de hecho nunca esperé volver a verla. Esos ojos deben estar a esta hora contemplando sus nietos…no recuerdo su nombre aunque me lo dijo…las cosas que un cachaco soñaba en Barranquilla pudo vivirlas  en Madrid. Si Cupido disparó su flecha, ésta era de plata…porque no me enamoré…solo me hizo admirar lo que una mujer es capaz de causar en un hombre y como los perros de las caravanas de los camellos  de Jalil Gibran en “El Profeta”, en el desierto, entierran un hueso en la arena, sin saber si por allí volverá a pasar algún día…esa hermosa rubia inglesa enterró un hueso en el desierto, pero quedó sembrado en mi mente de tal manera que nunca la podré olvidar, mientras esté vivo….

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